martes, 4 de noviembre de 2014

Míranos

Mírate. 
Excéntrica, con una sonrisa. 
Extendiendo las manos sobre el circulo de fuego, 
conectándote a los engranajes de mi espíritu, poco a poco. 
Las brasas crepitantes, entonando la trova. 
Una tonada fugándose como cenizas a través del céfiro. 

Mírate. 
Irreal, engañando a los espíritus. 
Inventando desencuentros por las calles de la ciudad. 
Con figurándote  en agua, en tierra, en aire, en fuego. 
En lo nimio del ser, ese revolucionando su emancipación. 
Bifurcando entre las predilecciones de una y otra mirada. 

Mírame. 
Innato, con las puertas abiertas. 
Fluyendo delirante a través del trivio que llevo. 
Sin exigencias opresivas, humanamente razonables. 
Sin vacíos acogedores, espiritualmente constantes. 
Solo la obcecación del alma excitada. 

Mírame. 
Despertando, al discurso del sol. 
Al sopor de la levedad que se derrama por las orillas. 
Al peso del espíritu, que hace naufragar esa embarcación. 
Ese peso que encalla en lo más sencillo, en la orilla del rió. 
Ahí en donde los pescadores lanzan sus redes, atrapan. 

Mírame. 
Ahora de pie, desnudo y libre. 
Peregrinando por tu camino, a travesando el arco de tu espalada. 
Deteniéndome, perdiéndome entre los callejones. 
Cegado también por la búsqueda, el dilema. 
Por ese eclipse que se conjura, ese soberano. 

Mírate, mírame. 
Míranos jugando con los pétalos y los tallos, 
Portando flores como ballestas, 
embistiendo al ejercito contrario en el bosque de lirios. 
¿Cuántas formaciones? ¿Cuántos ataques debemos instaurar? 
Míranos, en plena batalla.

viernes, 31 de octubre de 2014

También ellas..

También ellas se esconden. Con ansias, pena, hambre y miedo de caricias excepcionales. No de aquellas de incierta textura que pululan a través de pasillos sudorosos.

También ellas ríen, comentando las miserias de aquel o este. Del que paso de largo desconociendo, pero que ayer era casi parte de la familia. Repasan historias grabadas en su piel. Algunas hojas en blanco, otras cubiertas de miel, pero ninguna escurriendo amor verdadero.

También ellas ríen, abrazando a la ironía de esta vida. De burlonas caderas que contoneándose de esquina en esquina termina improvisada en cualquier cama.

También ellas lloran, cada lágrima tatuada con un signo de pesos. Algunas lágrimas son gratis, otras varían de precio dependiendo de la postura en la cual sean derramadas. Todas fluctuando a los vaivenes de la bolsa de placeres, de sus valores agregados. Todas con un precio.

También ellas lloran, observando al fondo de la calle. Fantaseando en una vida sin jardines. Tan solo flores retozando al viento, desbordando polen al estremecer sus pétalos y tallos.

También ellas viven, para morir como madres. Son hermanas, tías, abuelas, primas, amigas, suegras, nueras y un sinfín más de etiquetas de índole socio familiar. Viven para recorrer el camino de la dualidad escénica, que representan fielmente en sus personajes. Aquellos que nombramos mujeres valientes, tristes. Mujeres de cartón.

También ellas mueren, para vivir en cada gota de sudor y en cada éxtasis esporádico. Muerte violentamente silenciosa, interior. Esa que se ríe al saludar a su compañera la muerte chiquita, siempre ausente en sus habitaciones personales.

También ellas…

También nosotros…

miércoles, 29 de octubre de 2014

Festeja el Bosque


De matrimonio, el cuervo anunciaba. 
Penurias, fracaso, deserción y miel pálida.  
Desenterrando añejos anhelos al pie del sauce, 
extendiendo las alas se prepara. 

Al pie de aquella laguna, el sol goteaba. 
Lagartos y caimanes invitados a la noche. 
Una lámpara envuelta, aceite de secretos derramado 
y un soliloquio aplaudido por lagrimas.  

Piedras dibujando ríos, hogares, inclusive mares.  
Ya el abrazo, severa advertencia. 
Gaviota de ojos empantanados, 
de pico sonriente hendiendo el mar.  

Otras aves impresas arden en tabaco, 
trinando cantos de fuego. 
Madera grabada en metálico recuerdo,  
símbolos y pies de rompecabezas escurriendo tequila.  

Queda la noche que ya quiere ser mañana. 
Botellas hinchadas cantando ahogadas el corazón. 
Y en la habitación el equipaje ansioso, 
desea esconderse en el armario para no partir.  

Suspiran los troncos, enroscados en cama de musgo. 
Sueñan que alzan la vista, jugando con la maraña 
de ramas y hojas que les aguarda. 
Entretanto el bosque festeja. 

domingo, 26 de octubre de 2014

De exilios


De trayectoria y distancia se reconocer. 
Destinos, esos se llevan guardados en los bolsillos,
el equipaje repleto de trazos, rutas, caminos de piedra.
Tu fotografía cocida en la solapa de mi traje. 

Ya uno se exilia de las emociones, de los nudos en la garganta.
De los silencios que se escuchan, caminando por el acantilado.
Se exilian las manos, las miradas,los recuerdos y hasta la piel.
Los aromas, los paso, las manos en el pecho.

De exilio susurramos entre sabanas y andenes.
En la estación, entre el tumulto la voz extraviándose. 
El eco anunciando: Anden 13 destino a Southampton 
y ya el tren temblando, avanzando por  las vías de tus medias. 

Ya despierto. Abrazo la arena, celoso del egeo besándote.
Las barcas surcando la sal, también conocedoras de exilio.
De islas escondidas, rocas inertes, letras itinerantes entre mito y mito.
Bocas lamiendo gotas de retsina, en un pequeño enclave de Heraklion.

Ya vendrá el exilio final, ese del alma, del ser.
Cuando las ventanas se cierren y las miradas se encuentren.
La puerta cerrada, ya sin equipaje, ni boletos, ni horarios, ni caminos.
Ya solo ese ultimo suspiro en el exilio.