martes, 4 de noviembre de 2014

Míranos

Mírate. 
Excéntrica, con una sonrisa. 
Extendiendo las manos sobre el circulo de fuego, 
conectándote a los engranajes de mi espíritu, poco a poco. 
Las brasas crepitantes, entonando la trova. 
Una tonada fugándose como cenizas a través del céfiro. 

Mírate. 
Irreal, engañando a los espíritus. 
Inventando desencuentros por las calles de la ciudad. 
Con figurándote  en agua, en tierra, en aire, en fuego. 
En lo nimio del ser, ese revolucionando su emancipación. 
Bifurcando entre las predilecciones de una y otra mirada. 

Mírame. 
Innato, con las puertas abiertas. 
Fluyendo delirante a través del trivio que llevo. 
Sin exigencias opresivas, humanamente razonables. 
Sin vacíos acogedores, espiritualmente constantes. 
Solo la obcecación del alma excitada. 

Mírame. 
Despertando, al discurso del sol. 
Al sopor de la levedad que se derrama por las orillas. 
Al peso del espíritu, que hace naufragar esa embarcación. 
Ese peso que encalla en lo más sencillo, en la orilla del rió. 
Ahí en donde los pescadores lanzan sus redes, atrapan. 

Mírame. 
Ahora de pie, desnudo y libre. 
Peregrinando por tu camino, a travesando el arco de tu espalada. 
Deteniéndome, perdiéndome entre los callejones. 
Cegado también por la búsqueda, el dilema. 
Por ese eclipse que se conjura, ese soberano. 

Mírate, mírame. 
Míranos jugando con los pétalos y los tallos, 
Portando flores como ballestas, 
embistiendo al ejercito contrario en el bosque de lirios. 
¿Cuántas formaciones? ¿Cuántos ataques debemos instaurar? 
Míranos, en plena batalla.